31 Ene, 2020

Emprendedores de la tercera edad

Emprendedores de la tercera edad

Cabañas en el sur, ropa para enfermos, análisis de datos para mejorar eficiencia. Cada día son más las personas de 60 años que deciden sacar adelante un negocio propio, empujadas por la crítica situación de las pensiones, por el deseo de mantenerse activos y para cosechar los años de experiencia y conocimiento de las relaciones humanas.

La idea se ha escuchado tanto que se convirtió en cliché: “Cuando jubilemos, nos vamos al sur y trabajamos arrendando cabañas”. Para Iván Cardemil (64), ex director creativo de la recordada editorial Salo, ese sueño para la tercera edad es su actual realidad. Hace tres años partió al sur con su esposa, Narda Guerra (62), y comenzó a trabajar en su propuesta de alojamientos al lado -bien al lado- del río Allinpén, región de La Araucanía.

Goyita Blondel (60), en su empresa Confecciones Estrella de Belén, se dedica a fabricar y vender ropa para personas con movilidad reducida. Todo partió de su propia experiencia, cuando tuvo que cuidar a su padre enfermo, y se dio cuenta de las dificultades que enfrenta la higiene cotidiana de alguien en esas condiciones. Hoy tiene a cinco personas que colaboran con ella y para marzo espera renovar su producción.

Carlos González (60) se asume como el empleado “más antiguo” de su empresa XMartic, dedicada al monitoreo y análisis de datos para que otras entidades puedan mejorar su eficiencia productiva y de gestión. Actualmente, XMartic tiene presencia en Chile, Perú y Colombia, con perspectivas de seguir creciendo.

Carlos González conoce sobre el emprendimiento entre personas mayores, información que lo lleva a reafirmar su opción de vida: “Las estadísticas nos favorecen, ya que según el grupo CMI del Reino Unido, los emprendedores mayores tienen una tasa de éxito del 70% al crear nuevas empresas, mientras que para los emprendedores jóvenes ronda en el 28%. Según el MIT, un fundador de 50 años tiene casi el doble de posibilidades de alcanzar un crecimiento económico en menos tiempo, respecto a un emprendedor de 30 años”.

Iván, Goyita y Carlos, en distintas áreas, son parte de una tendencia al alza, la de personas mayores de 60 años que encabezan su propia empresa. A nivel mundial y con diversas fórmulas, hay países que se han preparado para enfrentar e incentivar este proceso, que es parte de una realidad global: entre los años 2000 y 2050, la proporción de la población mundial con más de 60 años de edad se está duplicando y llegará al 22% al final del período, pasando de 605 millones a 2.000 millones, de acuerdo a datos de la OMS. En Chile, la estimación del SENAMA es que para 2025 más del 20% de la población sea adulto mayor.

Los números son claros. Además, hay un debate en desarrollo sobre mejora de las pensiones, en búsqueda de mejorar situaciones críticas, que forman parte del descontento social que se manifiesta en el país desde el 18 de octubre. Mientras tanto, la proporción de personas mayores que deciden armar su propio negocio va en aumento: pasó de 10% a 12,7% en la última década, según los datos del estudio Global Entrepreneurship Monitor 2018 (GEM). El mismo reporte indica que, en la última década, los mayores de 60 años que trabajan han aumentado de 24% a 31%.

El académico de la Escuela de Negocios de la UAI, Felipe Oelckers, estudia el tema hace años, cuando aún el emprendimiento en la tercera edad era incipiente en Chile. Su diagnóstico: “Definitivamente va a seguir. La motivación principal de un adulto mayor para emprender son las deficientes pensiones, claramente, y a eso se suman factores psicológicos como la necesidad de mantenerse activos, pero la clave es sumar ingresos al grupo familiar”. Oelckers obtuvo su doctorado investigando sobre este tema y afirma categórico: “El futuro es el emprendimiento en la tercera edad. Muchas veces se los ve como ‘pobrecitos’ por tener que trabajar, no como alguien protagonista de su vida, que puede sumar ingresos y ayudar a resolver su problema. Evidentemente, en paralelo, hay que mejorar las pensiones para los adultos mayores; es un tema que está en las agendas de todo el mundo, recientemente con fuertes discusiones en España y Francia, por citar dos casos, y en Chile es prioridad uno”.

Una de las ventajas de emprender con varias décadas de trabajo es aprovechar la experiencia de distintas maneras. En el caso de Iván Cardemil, quien en Salo desarrolló productos tan reconocidos como las cartas Mitos y Leyendas, sus conocimientos de marketing le han permitido promocionar sus cabañas en redes sociales, además de armar y mantener su web actualizada. Iván Cardemil se integró a la comunidad aledaña y edita una guía de pesca, de distribución gratuita, para difundir su alojamiento. “Se trabaja por necesidad, las jubilaciones son miserables. Pero al menos hemos dado una visión a este negocio que es como recibir invitados en nuestro hogar y eso lo ha hecho muy gratificante”, relata.

Carlos González comenta que se preparó dos años antes de iniciar XMartic, su compañía. “Algo que nos diferencia con las nuevas generaciones, es un conocimiento más profundo y extenso adquirido en muchos años de experiencia laboral, lo que al final del día se traduce en capacidad de entender cómo funcionan las diferentes áreas de una empresa. Lo anterior es parte del capital que aportas llamado ‘experiencia’, que en el ambiente emprendedor juega un papel importante al momento de tomar decisiones”.

Ya embarcados en los emprendimientos, los problemas son los que cualquier empresa puede tener, independiente de la edad de sus dueños. “La incertidumbre financiera es demasiada para el estómago, para tu descanso nocturno, y la cantidad de trabajo dedicado a un lanzamiento de negocios no es menor. Sin embargo, ser dueño de tu negocio equivale a un nivel de autonomía y realización que no se podría lograr de otra manera”, explica González y añade: “Hoy existen muchas herramientas para emprender, redes de apoyo, incubadoras de negocio, entidades gubernamentales, por lo que en tu camino no estás solo.  Entidades como la incubadora de negocios Chrysalis (PUCV), Corfo y ProChile han sido piezas claves en todo lo que hemos logrado en nuestra empresa”.

Pablo Terrazas, VPE de Corfo, una de las entidades que trabaja con adultos mayores emprendedores, cruza las miradas global y local del tema. “Un reporte de Kauffman Foundation, de Estados Unidos, indica que entre 1996 y 2016 aumentó de 15% a 26% la participación de emprendedores de 55 a 64 años. Desde ese estudio, se puede ver que entre las características que se valoran como emprendedores, está que muchos cuentan con una buena red de contactos, escaso miedo al fracaso, conocen muy bien a sus clientes por la experiencia ganada. A nivel nacional, creemos que hoy los adultos mayores tienen un tremendo desafío que es digitalizarse y, en esta línea, Corfo ha impulsado un ambicioso programa, a través de talleres focalizados, tanto en Santiago como regiones, que están abiertos a todo público”.

Para este año Corfo desarrollará, a través de su Programa Becas de Capital Humano, el Programa de Actualización para Emprendedores Senior. “Entregará 300 becas de cofinanciamiento para chilenos y extranjeros con residencia definitiva en nuestro país y mayores de 55 años, para que realicen un curso de capacitación que tiene como objetivo dar acceso a nuevas tecnologías y conocimientos en gestión a personas seniors, que sean dueños de micro o pequeñas empresas o trabajadores por cuenta propia, con la finalidad de contribuir a la prolongación del desarrollo de su actividad productiva”, explica Terrazas. Las postulaciones comienzan en abril en las páginas de Corfo o Becas Capital Humano.

Goyita María Blondel tuvo un paso por las luces y las cámaras participando de un programa de TVN, que buscaba premiar la mejor idea de un emprendimiento, sin distinción de edad. No ganó, pero a partir de esa experiencia, consiguió que se le acercaran voluntarios para asesorarla en marketing digital: “Gracias a esta ayuda, y a la fe y perseverancia, hemos logrado vender casi toda la producción. Ser emprendedor de la tercera edad es una obra maratónica, porque hay muchos asuntos que uno no maneja. Por ejemplo, en mi caso, aún tengo pendiente un tema sobre el registro de mi producto”.

Goyita María Blondel es profesora de educación diferencial y se retiró para cuidar a su padre, postrado. Por eso, su mirada es realizar vestuario que no solo ayuda al enfermo, también a su entorno, a sus cuidadores, cuyos sacrificios -expresa- son poco considerados, y menos aún apoyados. “La familia no va a dejar a un discapacitado o a una persona mayor. Como país nos acordamos de los discapacitados para la Teletón, y está bien, pero olvidamos que la discapacidad necesita el cuidado diario. En ese sentido, como empresa buscamos ser un aporte en la calidad de vida de las personas usuarias y en su entorno”.

Con ese espíritu, resume algo así como la declaración de principios de los y las emprendedores de la tercera edad: “No es para hacerse rico y famoso, sino para aportar en lo que queremos lograr como país. Y, además, si vamos hacia un país con más personas de tercera edad tenemos que actuar”, remata.


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